Breve biografía Los Heterónimos El Marinero Ophelia
> Ophelia

Cuando Pessoa tenía casi 32 años se enamoró, por única vez, de Ophelia Queiroz, una mecanógrafa de 19 años que trabajaba donde él traducía cartas comerciales al inglés y al francés, en Lisboa.
Los encuentros entre ambos siempre fueron breves y casi furtivos.
La propia Ophelia cuenta:

"Un día se cortó la luz en la oficina. Freitas no estaba y Osorio, el cadete, había salido a hacer un trámite. Fernando fue a buscar una lámpara de petróleo, la encendió y la puso encima del escritorio. Un poco antes me había enviado una cartita donde sólo escribió: "le ruego que se quede". Y yo me quedé, para ver qué pasaba.
Me acuerdo de que estaba de pie, poniéndome el abrigo, cuando él entró en mi despacho. Se sentó en mi silla y yo me puse un poco nerviosa. Sin saber qué decir, acabé de ponerme el abrigo y me despedí precipitadamente. Fernando se levantó, con la lámpara en la mano, para acompañarme hasta la puerta. Pero de repente me empujó contra la pared; sin que yo lo esperase, me agarró por la cintura, me abrazó y, sin decir una palabra, me besó apasionadamente, como si estuviera loco."

Esta relación, la cual dejó y reinició varias veces, consistía en la correspondencia que ambos mantenían y escasos y breves encuentros. Nunca hubo sexo, Fernando Pessoa decía que no quería manchar su humanidad con el sexo y murió virgen:

El amor es lo que es esencial
el sexo es un accidente.
El hombre no es un animal,
sino carne inteligente
aunque a veces enferma.

De todas la cartas que recibió Ophelia, algunas de ellas eran firmadas por Álvaro de Campos, Heterónimo, el cual se entrometió en la relación e instaba a Ophelia a olvidar a Fernando Pessoa.